lunes, 9 de marzo de 2015

Francisco Bochatón: música argentina del Siglo XXI. Artistas más votados: #13


por Sebastián Lino
Músico (Los p) y periodista, co-conductor de Tren para pocos en Radio Estación Sur

Estoy cansado de andar solo en mi cabeza
y mi recuerdo es permanente sobre cosas viejas
cosas imposibles
quiero despertar una mañana en medio del silencio
y poder mirar los ojos ajenos, como en un descanso
(Cosas viejas, 1999)

Visto a la distancia, el fin de Peligrosos Gorriones en 1999 parece razonable: La banda que Francisco Bochatón formó siendo un flamante veinteañero fue una explosión de poesía, búsqueda y energía punk-alternativa ejemplar. Pero esos caminos no son fáciles de recorrer en grupo, ya que justamente la principal característica es que nunca llevan a un mismo lugar.

La ola de elogios under y amistades mainstream de la banda, permitió de alguna forma que Bochaton tenga importantes respaldos al asomar solo: Gustavo Cerati lanzó como single “Paseo inmoral” en 1999, cuya letra es autoría del platense y no sólo fue un hit en toda Latinoamérica: fue la ratificación de que Francisco tenía aún grandes ideas para desarrollar. Cazuela, su debut, soltó canciones lúdicas pero relajadas, músicos invitados, electrónica y arreglos de vientos vistiendo pequeñas poesías catárticas. Casi un prototipo a seguir para una nueva ola de cantautores; salvo, claro está, por el detalle de que no hay prototipos.

Analizándolo, puede que la guía sea el perfil bajo, la no-demagogia. Flopa y María Gabriela Epumer dejaron sus aportes en Mundo de acción (2002) y Hasta decir palabra (2003). No es casual. Pasar de la ansiedad Gorriona a esas conexiones femeninas parece haberle dado una gran claridad a lo críptico de los sentimientos con que Bochatón luchaba de frase en frase, y eso se celebra y corona con el perfecto pop de Completo (2004), una compilación de temas sueltos y EPs que suena como un grandes éxitos. ¿Pero tiene hits de verdad? Podría decirse que sí. “Pastillas celestes”, una canción de un minuto sin repetir y sin soplar donde se pasa del desamparo extremo a una sonrisa valiente: “Se me acabó el vino (…) Hace dos horas que estoy llorando/ voy a llamar”.

Guitarras acústicas, pianos sutiles y aún más sutiles loops completan las melodías de esa época (“Puerto amar”, “El candado”) y parece no hacer falta nada más. Una versión de “Imágenes paganas” (en el tributo a Virus editado por la Universidad Nacional de La Plata) complementa ese momento de contemplaciones suaves y la voz en su punto justo de intensidades pronunciando el silencio.

¿Ya no hay estruendos, riffs, adrenalina? Sí, cómo no: “Estacas”, “Mundo de acción”... Pero lo mejor no deja de ser ese presente dulce tan bien titulado en el disco La tranquilidad después de la paliza (2005). Hay más electricidad, pero antes que todo hay canciones perfectas, concretas y conectadas a la maduración de otros contemporáneos como Estelares, Ariel Minimal y Jaime Sin Tierra.

Hoy, esa etapa también deja su estela de influencias en jóvenes como Antolín, Valentin y Los Volcanes… prácticamente todos los que entran dentro del termino indie tienen ese fluir de frases enigmáticas que culminan en otras más cotidianas, suspiros desganados que terminan en estribillos crecientes y un innegable gusto punk aun si entonan repetidamente melosidades como “vuélveme a enamorar”.

Suena razonable entonces que hoy estén de vuelta los Peligrosos Gorriones, para descargar nuevos riffs en un nuevo disco, nuevas irracionalidades e inquietudes en el choque de las cuatro personas que forman la banda. Una de ellas es este nuevo Bochatón, que no sabe como se le ocurrió, pero si sabe que dio la vuelta entera.

Va a ser mejor que empiece a darme cuenta
que lo que está en mi mente se vacía,
que el terror es pura fantasía,
es conveniente que empiece a darme cuenta…
(“Esto!”, Peligrosos Gorriones).

viernes, 6 de marzo de 2015

Charly García: música argentina del Siglo XXI. Artistas más votados: #14


por Oscar Cuervo
Editor de los blogs Taller La Otra, Un largo y Uno cada día, conductor de La otra.-radio, docente.

En la mega-encuesta que emprendimos junto a La Música es del Aire y Patologías Culturales, Charly García ocupa, entre los artistas más votados,  un curioso e incómodo puesto 14, compartido con Los Natas y Valle de Muñecas, lo que deja una idea muy imprecisa de la importancia de la obra de Charly en el período que va desde el 2000 a la actualidad. Incomodidad e imprecisión de la contabilidad aritmética. Porque, por un lado, Charly es una estrella radiante en torno a la cual gira el completo sistema de la música popular argentina contemporánea; por el otro, estos últimos quince años pueden considerarse los del eclipse de la estrella. Y, sólo tal vez, un período de espera de una futura restitución de su lugar solar.

¿Según qué parámetros la importancia de Charly sería equiparable a la de Los Natas o Valle de Muñecas, e incluso quedaría atrás de Acorazado Potemkim, El Mató a un Policía Motorizado o los mismísimos Babasónicos? Según el arbitrario corte temporal que elegimos para hacer nuestra consulta y según la inexorabilidad de las opiniones sumadas una por una.

El tiempo que va del 2000 hasta hoy es el de su  indisimulable declinación, lo que lo pone muy lejos de aquellas cimas creativas: Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974), Películas (1977), Grasa de las Capitales (1979), Yendo de la cama al living (1982), Clics modernos (1983), Piano Bar (1984), La hija de la lágrima (1994) o Say no more (1996), lo que va desde los grandes capítulos de la novela argentina en tiempo real, con una instantaneidad como nadie supo captar, ni en el cine ni en la literatura; menos que menos en la música; hacia el abismo negro de su cueva interior. Obras inconmensurables, postales de una percepción demasiado aguda en fricción con un mundo lacerante. Varias generaciones han preformado su sensibilidad entre los destellos y las zonas oscuras de estos discos. Sería inhumano pretender que esa entrega se prolongue perpetuamente.

La obra de Charly, como corresponde a todo gran artista romántico, se funda en el cuerpo de Charly. Y a menudo sucede que el cuerpo del artista se funde en su obra. Por eso la década del 90 termina con un cuerpo fundido: el agotamiento es efecto del dispendio que la obra demandaba. Llegado a un punto, en plena noche neoliberal, su show interminable devino en teatro de la crueldad en el que la música era la reverberación de un cuerpo exangüe.

Como fuera, si nos limitáramos a decir que el período 2000-2014 constituye su simple decadencia, sería un dictamen correcto y perezoso. Porque, si bien el ritmo creativo y la inspiración fueron apagándose, en el eclipse hubo momentos de fulgor como los que pocos o casi ningún otro músico puede ofrecernos.

En 2002, cuando casi todos desesperábamos de él, Charly nos ofrece un disco: Influencia, y en el centro del disco un tema, “Influencia”, que curiosamente él no compuso, sino extrajo de algún rincón de su caótica memoria pop. Una pieza de Todd Rundgren olvidada por todos a cuya versión original, según Charly, le faltaba producción. Y vaya si tenía razón. El modo de apropiación que lleva a cabo sobre este material ajeno es un gesto de genialidad asombrosa. No hay quizás otra canción más Charly García que esta que él no compuso. La traducción de la letra es de una elegancia insuperable, cada palabra calza no solo en la métrica, en los acentos y en el sentido, sino que también funciona como la más ajustada autoconsciencia que él podría haber plasmado. La versión concisa y serena de los años que Charly vivió en peligro. En “Influencia” (la versión), traduciendo a Rundgren, se traduce a sí mismo para el público terráqueo, con mucha mayor precisión que la que ningún observador externo podría lograr. “Debo confiar en mí,/ lo tengo que saber/ pero es muy difícil ver/ si algo controla mi ser./ Puedo ver y decir y sentir mi mente dormir/ bajo tu influencia.” Los ojos enrojecidos de su primerísimo primer plano en el arte gráfico del CD logran con elementos mínimos reforzar la connotación demoníaca a la que alude la letra. El tratamiento sonoro de la canción es límpido, con apenas el esqueleto rítmico y armónico y, bien adelante, la voz de una vulnerabilidad que el original simplemente desconocía. Ese registro vocal expone una desnudez documental que desafía los límites de un género, el pop, que suele preferir vestuarios y maquillajes.

El resto del disco se mueve con astucia entre la apropiación explícita, el plagio soterrado, la revisitación de sí mismo y la cita oculta. En “I’m not in love” extrae una frase melódica de “She’s not there”, un tema de una banda inglesa de principios de los sesenta, The Zombies. y alrededor de ese “It’s too late to say I’m sorry, baby” que Charly traspone como “es tu ley hacerme sentir culpable”, construye una explicación de su extravío existencial (“Estoy andando por las vías del tren/ haciendo cosas que no quiero hacer/ pero esto tiene una explicación/ I’m not in love”) de sabor agridulce.

También los Stones de “Sing this all together” se dan cita en “El amor espera”, una suite de varias partes (cualquier compositor menos agraciado podría hacer varios discos con las ideas musicales que Charly pone en juego en cuatro minutos y medio) que remite a momentos épicos del propio García de Sui Generis, Serú Giran o La hija de la lágrima, es decir, un Charly eterno y esencial, digno de cualquiera de sus mejores discos:

Pero si resbalas y no te caes, mi amor.
pero si tus alas no se queman al sol.
todo el mundo sabe que no puedo vivir sin vos.
Somos como peces que están fuera del mar,
fuimos tantas veces hacia el mismo lugar.
todo el mundo quiere, todo el mundo quiere olvidar.

El resto del álbum acompaña como puede a estas tres glorias. Influencia es al mismo tiempo un disco de covers ocultos y un autorretrato cuya síntesis se opone deliberadamente a la disipación de sus precedentes caóticos de los noventa.

¿Se puede hacer historia con un solo disco? Más aún, ¿con solo tres canciones? Sí, si son tres canciones tan buenas como estas. Como las que ningún otro puede hacer.

Pero por 2004 Charly todavía tiene algo más para ofrecer: una noche inolvidable en el Quilmes Rock, bajo una lluvia torrencial. Un show que empieza en modo errático pero al que la tormenta insufla de una potencia desbocada, una celebración del rock and roll y una ceremonia triunfal. Quizás se haya tratado de su mejor y a la vez su último gran show.

Lo que sobreviene es tocar fondo y tratar de vivir para contarlo. Una rehabilitación en público, en la que todos nos congratulamos por su supervivencia. Y luego el reposo de una etapa revisionista, de un Charly que se detiene a contemplar lo que ha hecho y a recrearlo respetando las partes de cada canción, como nunca antes lo había hecho. Ese revisionismo llega a su momento culminante en el Teatro Colón de “Líneas paralelas” (2013).

Lo que venga de acá en más (¿una película? ¿nuevas canciones?) es algo que comentaremos en nuestro balance de 2033.

jueves, 5 de marzo de 2015

Los Natas: música argentina del Siglo XXI. Artistas más votados: #14


por Diego Mancusi
Periodista y músico (La Orquesta Carmesí), co-conductor de Monoambiente en Nacional Rock

“Los Natas son los Backstreet Boys del stoner”, berrea un fulano enojadísimo en ese maravilloso vórtice de elitismo de sótano llamado Metal Archives. Antes en su perfil definía: “jeans ajustados, campera de cuero y pelo largo representan la imagen del heavy fucking metal”. Una cosa explica la otra: la vieja guardia del rock pesado, con su imaginario tallado en piedra desde los 70, su innato recelo al cambio y su identidad mayormente obrera, recibió al grupo liderado por Sergio Ch como se recibe al rubiecito nuevo en la escuela pública. “Lo de Los Natas no es metal”, repetirán hasta hoy, negándole el status heavy a algo flagrantemente inspirado por Black Sabbath sólo por los desaires estéticos y por el pecado de acercar la música oscura a la juventud de clase media (¿y alta?) que no mamó la diáspora de V8 ni se sintió cómoda calzándose la remera de Maiden y tomándose un tren al Oeste para ver un festival con siete bandas de logo ilegible.

Sólo con esa miopía por elección se puede ver a Corsario negro (2002) como un disco en el que Los Natas -volvemos a citar al amigo Gabometal86- “se están ablandando todavía más”. Tras un par de álbumes que podríamos enmarcar en la ortodoxia valvular (sin que por ello sean menores: Ciudad de Brahman de 1999 es de lo mejor de su carrera), el trío se alía con Billy Anderson (productor de Melvins, Orange Goblin, High on Fire, Sleep, Om y demás bestias sludge), amaina el pulso, clarifica el sonido, agrega matices, se suelta y a la larga gana en contundencia. El clima queda establecido en la intro, una recreación ominosa de “Also Sprach Zarathustra” convenientemente llamada “2002”. De ahí a la marcha amenazante de “Planeta solitario”, dictada por un riff reiterativo que repta sobre una base psicodélica. La batería de Walter Broide dispara ritmos imposibles en “Patas de elefante”, mientras que “El cono del encono” es doom puro y duro, mucho más cercano a la narcolepsia dañina de Electric Wizard que a Queens of the Stone Age. La coda boogie woogie de “Lei motive” desemboca en un amigable pasaje ambiental llamado “Hey Jimmy”, pero la paz se acaba con el fraseo cortante de “Contemplando la niebla”. “Bumburi” muestra otra gran influencia: el Pappo's Blues de los primeros cuatro volúmenes, con su trote rocanrolero que promete reviente pero se ahoga en disonancia. Kyuss y Vox Dei se entrecruzan en “Americano”. Pasa el drone de un minuto “El gauchito” y llega al fin el tema que da nombre al disco, un instrumental de casi ocho minutos que sintetiza todo lo que venimos escuchando: riffs marciales sobre estructuras inquietas, atmósfera sobre groove, calma y furia sobre movimiento, pesadez sobre libertad.

V8 edita en 1983 Luchando por el metal, el big bang de todo lo que nos gusta. Casi dos décadas después Los Natas hacen de Corsario negro su “Luchando contra el metal”, un disco con el que se meten de guapos al ring del heavy y le hacen frente a todo lo que se venga con técnicas poco convencionales. ¿Consecuencias? Por un lado la acción: una nueva concepción de lo agresivo, que engendraría un público y pariría una escena, además de darles margen para estirar el género hasta lo irreconocible en el doble interestelar Toba trance (2004) y luego rebotar con el uno-dos al hueso, crudo y riffero, de El hombre montaña (2006) y Nuevo orden de la libertad (2009). Y por otro la reacción: mucho cabezón escupiendo bilis por un despiste que ni el caudillo Iorio pudo apaciguar grabando con ellos nada menos que “El ass de espadas” de Motörhead.

miércoles, 4 de marzo de 2015

Valle de Muñecas: música argentina del Siglo XXI. Artistas más votados: #14



Dime quién te escucha y te diré cómo suenas. El siglo XXI arrancó hace rato. En la vereda para entrar a escuchar a Valle de Muñecas somos jóvenes (de espíritu) con entre 30 y 50 en el DNI. Hombres barbudos con algunas canas y prominentes panzas, en perfecto equilibrio entre lo primitivo y lo sensible. Algunos pelados también, claro. Mujeres de belleza auténtica no buscada pero inevitable, portadoras de anteojos cancheros y melenas despeinadas. Cuerpos ilustrados con tatuajes precisos, sin exceso de color, muchos jeans y zapatillas. Disfrutadores mensurados del tabaco, el alcohol y otras sustancias. Como siempre, los fumadores son los últimos en ingresar. Con cierta calma, dando tiempo a las cosas, atravesamos las puertas dispuestos a digerir el momento por venir. Vinimos a escuchar buena música.

Jesus and Mary Chain, Bowie, Cure, Radiohead y otros británicos armaron el soundtrack de nuestra juventud. ¿Algo que ver con Valle de Muñecas? Sin dudas, la melancolía, unas guitarras y varios climas. Aunque si jugamos a los parecidos, el ADN seguramente revele algo de Television y R.E.M. Afirmaciones que suenan escandalosas, pero que se vuelven convincentes al realizar un largo viaje en auto en compañía de los discos completos de todos ellos. Y el rock argentino... Abandonó el viejo milenio muy debilitado. Si no fuera por Spinetta, Cerati y Divididos, el rumbo hubiera sido incierto. La cultura futbolera que invadió a esta música no aportó nada más que ritmos básicos para carnavales en malas fiestas de casamiento. Por otra parte, la consagración de los Pomelos, de mirada oculta en lentes y falta de ideas al hablar, expandió un virus de pura postura y poquísima musicalidad.

Valle de Muñecas atrae por su autenticidad. El rock local necesitaba buenos músicos dedicados a hacer buena música. Cuando Manza, Lulo, Mariano y Fernando aparecen en escena se nota que tienen todo bien preparado. Sin anuncios ponen a correr la primera canción potente, una sucesión de acordes bien enfocados. La banda construye los momentos sin dudar, comprometidos con el plan de sonar tan prolijos como si estuvieran grabando un disco en vivo. Con las primeras notas todos revelamos nuestra capacidad de ejecutar algún instrumento ilusorio sobre el aire. Surgen movimientos poco coreográficos, no se hace pogo, tampoco hay danza, sino una sincera expresión corporal en tono rítmico. Acompañamos las letras con poco grito, cantando hacia adentro en rostros de placer o sufrimiento, según corresponda al argumento que se recita. Si estamos sentados, hay un impulso que nos pone de pie. Si estamos parados, el suelo se nos despega un poco de los zapatos. Somos un público cuya principal actividad es la escucha. Todo lo demás nos sucede sin querer.

En escena, Manza (Mariano Esain) vuelca la fuerte identidad musical que ha desarrollado a través de años de gran productividad. “Mapas”, “Ni un diluvio más”, “Gotas en la frente”, “Días de suerte”, “Sábados” o “Cosas que nunca te digo” sirven para comprobar el carácter inconfundible de su voz, su retórica, su forma de armonizar y la sonoridad de su guitarra. Lulo (Luciano Esain) aparece como un baterista con protagonismo, lleno de propuestas, firme y delicado a la vez. Sin el respaldo de su voz ésta sería otra banda. Mariano López Gringauz sabe encontrar el contrapunto entre su bajo y las líneas vocales, además de entrelazarse con las guitarras. Fernando Blanco completa el círculo armónico-rítmico con sus cuerdas enérgicas y precisas, además de sorprender con saltos certeros que ya son imagen registrada de estos shows.

No debe ser fácil poner en vivo el sonido que logra Manza en los discos que produce. Siguiendo su creencia de que “la ansiedad nubla la razón”, se pasa obsesivo el tiempo que sea necesario para lograr la mezcla perfecta. El tratamiento sonoro de La autopista corre del océano hasta el amanecer (tercer disco del grupo, del año 2011) merece repetidas escuchas con fina atención para poder apreciar ese trabajo exhaustivo del productor. Y, sin embargo, la banda en concierto suena detallista y viva a la vez.

Cuando tocan “Mil formas de estrellarme” sabemos que estamos en presencia de un himno y cerca del final de la noche. Ésta y otras canciones de Valle de Muñecas se perfilan como clásicos argentinos. Afortunadamente, son varias las bandas que en los últimos 10 años volvieron a enfocarse en la música y pusieron nuevamente de moda el interés por el rock local. En esa luz más intensa, Manza, Lulo, Mariano y Fernando se abrazan y reciben el aplauso final cargado de afecto y agradecimiento. Lentamente, salimos a la calle donde ya están los fumadores recuperando nicotina. Se percibe la dicha por las buenas horas que pasamos ahí y la ilusión de todos por el próximo disco que, sabemos, pronto estará entre nosotros.


[Foto, gentileza de Martín Santoro]

Música argentina del Siglo XXI. Artistas más votados: #15, Intoxicados


por Martín Zariello *
Escritor, editor del blog Il corvino

Pity Álvarez terminó de incrustarse en nuestro corazón cuando todavía en Viejas Locas sentenció “Homero”, su preciosa balada sobre la clase trabajadora argentina, con un epitafio premonitorio y fatal: “Pocos son los que van a zafar”. El verso arrojaba la conclusión de toda una década y se adelantaba involuntariamente a Cromañón, el final simbólico y doloroso de la generación chabona a cuyas filas Pity había pertenecido como uno de sus más ilustres representantes.

Si bien en sus últimos dos discos Viejas Locas abrió el juego hacia algunos ritmos que eludían los mandatos sagrados del rock stone, la expansión artística que pretendía Pity recién se vio correspondida con el nacimiento de Intoxicados. Sin el conocimiento ni la sofisticación de otros grandes autores vernáculos, Pity pasó de nivel a través de su admirable curiosidad y extendió la frontera de sus limitaciones incursionando en los géneros mestizos del post punk: al rock cuadrado de su antigua banda, le agregó reggae, funk, hard rock, punk, hip hop, electrónica conurbana, baladas de puro rock nacional y ritmos norteños. No es casualidad entonces que en sus canciones se mencionen tantos géneros: “me gusta el reggae cuando quiero dejar bien claro mi mensaje”; “él es James Brown, el rey del funk”; “chicos intoxicados por el rock and roll”. Aunque más que el molde genérico, lo que siempre atrajo de Pity fue cierta habilidad para idear letras en el borde mismo de la brutalidad y la ternura haciendo de una pequeña gama de recursos un mundo propio y reconocible en el que cabían perros, porros y Carl Sagan.

Si Buen día (2001) sorprendió con algunos atisbos de renovación, No es sólo rock 'n’ roll, ya desde el título, parecía contestarle al hit anterior “¿Quieren rock?” y establecer una postura levemente provocativa con los fans históricos de Viejas Locas. El sendero luminoso del disco iba de la viñeta urbana de “Una vela” (un hallazgo rapero, en el que Pity fraseaba sobre imágenes de auténtico realismo sucio) a “Felicidad depresión”, homenaje y choreo inesperado al Pink Floyd de Dark side of the moon.

Otro día en el Planeta Tierra (2005) encuentra a la banda más afianzada (es destacado el aporte del guitarrista Felipe Barrozo) y confirma el espíritu del disco anterior, en el que definitivamente el “rocanrol” estereotipado deja lugar a la música. Si “Se fue al cielo” (2001) enlazaba a Pity con el estilo calamaresco que a principios de los 2000 caló hondo en las FM, en “Fuego” (un tema que podría haber formado parte de Honestidad brutal) el propio Salmón da el visto bueno, iniciando una red de conexiones con el rock nacional de corte más canónico, que incluyó elogios de Cerati y Spinetta y una relación bizarra con Charly García. El resto del disco estaba a la altura. El reggae jujeño en “Niña de Tilcara”, el funky desgarrado de “Una señal” y la suciedad rockera, entre Pappo y AC/DC, de “Las cosas que no se tocan” sostenían a una banda en crecimiento que desorientaba a sus propios seguidores y cooptaba a extraños y desconocidos: hubo un momento en que no importaba si eras indie, chabón o tecno, a todos nos gustaba Intoxicados.  Mientras tanto en “Nunca quise”, un hit radial que encontró su pathos en la declaración de amor visceral, Pity cantaba “Somos indios latinos con guitarra eléctrica comunicados a través de Internet” y simplemente parecía estar sacándole la ficha a la subjetividad de los viejos 2000.

El exilio de las especies (2008), último disco de la banda, encuentra a Pity en un momento complicado: a su conocida adicción a la pasta base se añade una repentina transformación en personaje mediático de consumo masivo. Eso sí era estar en el horno. Y se nota. Salvo algunos casos puntuales (“Quién soy”, “Comandante”) poco hay en el disco de aquellas hermosas e ingeniosas canciones de Otro día en el Planeta Tierra. Sonidos incidentales, canciones erráticas que apuntan a un desarrollo conceptual indeterminado y un discurso místico-biológico que empieza por causar gracia y termina por espantar hacen que El exilio de las especies sea un final que Intoxicados no se merecía. Es que ya lo había dicho el querido Pity, “pocos son los que van a zafar”, y él, por el momento, no fue la excepción.

* NOTA DEL EDITOR: a partir de hoy vamos a empezar a publicar simultáneamente con el blog La música es del aire textos escritos especialmente sobre los artistas más votados en nuestra encuesta conjunta sobre la música argetnina del siglo xxi. En el puesto 15 figura Intoxicados (ver acá). En días sucesivos irán saliendo textos sobre los artistas que aparecen en los primeros lugares, en orden creciente.

domingo, 1 de marzo de 2015

The Police: No todo es como reluce

por César Colman

Con orígenes en el jazz y en la música experimental, supieron encontrar la fórmula para sonar en los ochenta. Esta, podría decirse, es la historia de tres rubios que afinaban, cantaban bien, y sabían tocar sus instrumentos. Pero, por sobre todas las cosas anteriores, no pertenecían al ambiente en el que se movían. Y es que a fines de los setenta ellos irrumpieron en una escena que les era totalmente ajena. Tal vez por eso, sus rubias melenas se mantuvieron por contrato luego de habérselas teñido para una propaganda. Pero lo importante es el legado de cinco discos hecho por músicos que a pesar de todo no renegaron de sus orígenes. O, como dijo alguna vez, Andy Summers, la última gran banda de los sesenta…

The Copeland

Con padres miembros de la CIA y del servicio de inteligencia británico durante la segunda guerra mundial, la familia Copeland vivió en Damasco, El Cairo, Beirut, entre otros países y esos lugares fueron una gran influencia musical. En el comienzo, el ímpetu y la impronta del proyecto The Police pertenecían a Stewart Copeland. Ian Copeland era el bajista de la familia y alter ego de Miles Copeland, que es dueño fundador de I.R.S. Records, además de manejar el destino de algunas bandas (Wishbone Ash, Caravan). Creó empresas organizadoras de giras musicales. Eso fue de gran ayuda para The Police, ya que fue manager de la banda y luego de Sting solista. De hecho, fue Miles quien descubrió el potencial compositivo del cantante y consiguió el contrato de grabación con A&M. Con lo que The Police, simplemente, se sumó a la familia.

Nacidos en los 50

The Police no fueron tres amigos de la adolescencia que deciden de un día para el otro tener su banda. De ellos más bien puede desprenderse que son una banda causal. Y tal vez por eso el francés Henri Padovani no duró mucho tiempo como guitarrista. Porque, dadas sus escasas habilidades musicales, a Sting no le agradaba su desempeño. Sin embargo, Padovani fue importante durante sus primeros pasos, por sus contactos y principalmente por sus ganas. Hay un único registro de estudio en el primer simple editado por la banda con Henri Padovani: “Fall out/Nothing achieving”. Él únicamente hace el solo principal, el resto lo toca Copeland. Es que el baterista lo quería para poder sonar más crudo, pero se le hizo insostenible en el tiempo. A tal punto defendió su lugar que tocaron en un par de ocasiones con Andy Summers como cuarteto.

Stewart Copeland había tenido su experiencia previa con una banda llamada Curved Air. Ellos hacían una mezcla de AOR con un progresivo muy característico de los años setenta. Con la particularidad de contar con una cantante vikinga, que con el tiempo fue pareja del baterista.

Sting venia de Last Exit, banda que practicaba una suerte de jazz rock. Copeland lo vio en vivo y le pidió a un periodista que se lo presente.

Andy Summers: si Sting era el bueno y Copeland el malo, el guitarrista no podía ser más que el feo. Tenía experiencia en bandas como Soft machine y The Animals. Su innata habilidad para la guitarra cautivó a Sting e hizo que The Police encuentre su tercer pata. Insustituible.

En pleno año 1977 ya sabían tocar sus instrumentos casi como profesionales. Sting contaba con 25 años, Stewart Copeland con 24 y Andy Summers 34. La fiebre punk arreciaba con todos (o casi) pero ellos, simplemente, pertenecían al otro lado del mundo en el que estaban parados en ese momento.


Y entonces quedaron tres…

Desde la tapa, la estética del grupo planteó un cambio. En Outlandos d’Amour (1978) aparecen rubios, con peinados nuevos y distintivos, por una exigencia de la publicidad que los contrató. Pero, por el lado de la música, el virtuosismo de Sting se destaca al componer por un rumbo nuevo. Canciones polémicas como “Roxanne” y “Can’t stand losing you”, ambas prohibidas por la BBC cumplieron su cometido. “Truth hits everybody” y “So lonely” son temas que muestran, en la mezcla de rock, punk y reggae, el buen gusto de la banda.


Con Reggatta de Blanc (1979) dejan su influencias y comienzan a irse para el lado más tranquilo. Un disco que redefine el estilo Police: el reggae blanco adquiere personalidad definitiva para una banda que se afianza. “Message in a bottle”, la canción que abre el disco; “Reggatta de blanc”, el tema instrumental; “Bring on the night”... podría nombrar todas las canciones del disco.


Ya con Zenyatta Mondatta, editado en 1980, salieron a girar por el mundo. Canciones como “Don’t stand so close to me”, “Driven to tears”, “When the world is running down…” definen el comienzo de los ochenta y la new wave. Pero, también hay que decirlo, la figura de Sting comienza a destacarse por sobre la de sus compañeros, al punto de negarse a tocar en un tema instrumental de Summers. El principio del final, podría decirse.


Con Ghost in the machine (1981) el ambiente entre los músicos distaba bastante de ser el ideal. El agregado de una sección de viento y la elección de un nombre en inglés, a diferencia de los nombres inventados para los discos anteriores, solo dejaron contento a Sting. Sin embargo, canciones como “Spirits in the material world”, “Every little thing she does is magic” y “One world…” hacen un gran disco. Pero a la vez, canciones como “Invisible sun”, “Secret journey” o esa delicia con aire a Simply red que cierra el disco, “Darkness”, lo convierten en la placa más rara de todas. Lo curioso de esta clase de temas es que no es Sting el que los compone. Podría decirse que es un disco de transición de The Police. El gran Hugh Padgham produjo el disco, al igual que el siguiente.


Synchronicity (1983): si tenías dudas acerca de ellos, se te iban a ir con este disco. El nivel y sofisticación que consiguieron con esta obra lo convierte en uno de los mejores de la década. Una despedida impensada, con canciones como “Synchronicity I y II”, “Walking in your footsteps” o “Every breath you take”. Se trata de una apabullante obra conceptual basada en la idea de sincronicidad de Carl Gustav Jung.


Lo que inicialmente iba a ser la grabación de un nuevo disco, degeneró en la versión remixada de “Don´t stand so close to me”. En 1986 editan Every breath you take – The singles que fue lo último hecho por ellos como banda. Sting se compadecía del productor Laurie Latham, aduciendo que estaba horrorizado por el veneno que había entre ellos. Andy Summers pensaba que la canción estaba bien, pero que le gustaba más la original. Sting no tenía intenciones de escribir para The Police por lo que,, para Summers, se trataba un ejercicio vacío. Copeland grabó con una lesión en la clavícula. Fue una compilación que en la época dejó gusto a poco, con Sting ya inmersoo en su exitosa carrera solista.


Más tarde editaron una serie de compilados con distinta suerte. Message in a box (1993) compila todo el material editado por The Police. Todo. Canciones como “How stupid Mr. Bates”, “A kind of loving” o “I burn for you”, del soundtrack Brimstone & Treacle. También incluía temas en vivo que solo aparecieron en simples, y hasta una versión mono de “Bed’s too big without you”. Otra placa grandiosa es The Police Live! (1995). Este disco doble contiene dos recitales en vivo, uno en noviembre del año 1979, de la gira de presentación de Reggatta de Blanc; el otro es un vivo del año 1983 de la gira de Synchronicity. El primer disco muestra a los primeros Police con una grabación más cruda y carnal, hecha para una radio; mientras que el segundo muestra el grado de sofisticación alcanzado por la banda, con Eddie Offord como ingeniero de grabación. Offord había trabajado con Yes en clásicos como The Yes Album, Fragile, o Close to the edge.


Hubo otras cosas editadas, como por ejemplo Strontium 90, que en realidad fue el proyecto del ex Gong Mike Howlett. Fue en este proyectoo que conocieron a Andy Summers. Incluye, por ejemplo, la versión acústica de “Every little thing she does is magic”, o “Visions of the night”. Después de esto, no hay mucho más.


Sucesos Argentinos

Era raro, muy raro, por aquellos iniciales años ochenta que una banda en pleno auge mundial se acercara hasta estas lejanas tierras a dar un recital. En el año 74 vino Santana, que tocó en el viejo Gasómetro de San Lorenzo. Joe Cocker vino en el año 1977 al Luna Park. Y me atrevo a decir que no muchas más bandas internacionales visitaron la Argentina. La cuestión es que en 1980 The Police hizo su presentación en la inauguración de la disco New York City (la misma del que Sumo hablaría en "La rubia tarada") y otro en el estadio Obras, que pasó a la historia del rock local porque, en plena dictadura, Summers, harto de que la policía obligara al público a sentarse por la fuerza, le propinó un puntapié a uno de los uniformados. Luego de terminado el recital Andy no sabía cómo pedir disculpas, no era un inglés en Nueva York. Era un inglés en la Argentina de la dictadura, tras patear un policía.


Sin más

Luego de la no anunciada separación hubo algunas reuniones, como la de Amnesty en 1986, o en la boda de Sting y Trudie Styler del año 1992. También en, 2003 cuando ingresaron en el Rock and Roll Hall of Fame. En estas ocasiones se mantuvieron las tensiones que hicieron a su separación: Sting se negaba ante cada consulta y sostuvo que, de producirse la reunión, podrían tratarlo de loco. Sin embargo, en 2007 se juntaron en la ceremonia de apertura de los Grammy. Pocos meses después iniciaron una gira mundial que los trajo nuevamente a la Argentina. En la rueda de prensa Sting afirmó entre bromas que ya podían tratarlo de loco. Sin embargo, no hubo planes acerca de componer nuevos temas.

lunes, 9 de febrero de 2015

Poesía, una cuestión de las cosas últimas

Puntuaciones sobre el diálogo Celan — Mandelstam


«Pero en la gran poesía, ¿cuándo no es una cuestión de las cosas últimas?...»
—Celan sobre Mandelstam, Carta a Gleb Struve, 29 de enero de 1959—



«La poesía es el arado que desentierra el tiempo, poniendo al descubierto sus estratos más profundos, su tierra negra».
—Osip Mandelstam—



por Javier Galarza *

1. FILIACIONES

Mandelstam se identifica con el poeta latino Ovidio, tanto como Hölderlin se identificó con el lírico griego Píndaro o Gerard De Nerval con Virgilio.
«El verdadero diálogo entre poetas es necesario» escribió Hölderlin.
Celan encuentra en Mandelstam el referente que buscaba. Eternamente exiliado, dice que traducir a Mandelstam es tan importante como escribir su propia obra.


2. MANDELSTAM Y OVIDIO


Mandelstam, tan renovador como clasicista, se identificó con el poeta latino Ovidio, desterrado por sus escritos (y por algún otro «error» que la historia jamás aclaró). Mandelstam, que también sufrirá el destierro, titulará su segundo libro Tristia, el mismo nombre (Tristes) del libro que narra el destierro de Ovidio de Roma.

Aprendí la ciencia de las despedidas / En los nocturnos lamentos despeinados.../ ... Y al oír la palabra «despedida» quién sabrá / Qué clase de separaciones nos esperan.../ (Tristia, Mandesltam)

Cuando me viene la imagen tristísima de aquella noche / esa que fue mi ocasión última allá en la Ciudad, / cuando recuerdo la noche en que tantas cosas queridas / hube de abandonar, vuelvo otra vez a llorar... (Tristia, Ovidio, libro III).

Voronezh o el Ponto, Mandelstam es consciente de su destino. «Estoy listo para morir» confiesa a su amiga Anna Ajmátova.


3. CUESTIÓN DE LAS COSAS ÚLTIMAS


Allí donde Mandelstam parece revivir el destino de los poetas clásicos, — tal vez el último poeta clásico—, Celan parece convocado (y no por elección) a cerrar tanto el clasicismo como las vanguardias.
El destino del último poeta.


4. POETAS


Mandelstam cuenta el catálogo de naves de Homero en la cabecera de su cama. Escribe su obra maestra en cuadernos, entre guardias que lo vigilan.
Estas vidas que, con justo motivo, podrían ser descriptas como trágicas, tuvieron momentos que es bello recrear. Mandelstam cortejando a sus dos talentosas colegas y amigas: Anna Ajmátova y Marina Tsvetaieva. Paul Celan y su compleja relación con Ingeborg Bachmann o las idas y vueltas manifiestas en su correspondencia con Nelly Sachs. Acabamos de nombrar a seis de los más grandes poetas del siglo XX.


5. LA ÉPOCA. LO INALIENABLEMENTE VERDADERO.

Escribió Paul Celan:
«¿Puedo decir aquí mismo, es decir, de manera espontánea, que sobre todo me interesa Mandelstam ? Apenas conozco a otro poeta ruso de su generación que como él estuviera en el tiempo, que pensara con esta época y desde esta época, y que pensara esta época hasta el final(...). Estoy simplificando, ya lo sé. Por favor, vea en estas líneas el intento de recordar yo mismo la impresión que me produjo el encuentro con los poemas de Mandelstam: la impresión de lo inalienablemente verdadero».

Unos pocos versos de Mandelstam sobre la época:

¡Intentad arrancarme del siglo! / ¡Yo sé que moriréis en el intento! //
Hablo con la época...

Mi siglo, mi bestia / ¿Quién podría mirar tus pupilas / y con su sangre contar / las vértebras de dos siglos?



6. PARADOJAS DEL TIEMPO:


Escribe Osip Mandelstam:
«A menudo se oye decir: eso es bueno, pero pertenece al pasado. Pero yo digo: el pasado no ha nacido aún. En realidad no ha existido todavía. Quiero que Ovidio, Pushkin y Cátulo vivan otra vez y no me conformo con el Ovidio, Pushkin y Cátulo históricos».
El filósofo Martin Heidegger manifiesta su admiración sobre Celan diciendo: «Es el que está más adelantado y más retirado se mantiene.»


7. ALGUNAS COINCIDENCIAS


Los asemejaba el origen judío, la temprana muerte de la madre, intentos de suicidio, injustas acusaciones de plagio y sobre todo, las persecuciones políticas. Internaciones psiquiátricas, y la vida y la poesía a pesar o a causa de todo esto. Pero también las complejas operaciones de escritura donde, en los poemas de Mandelstam, el Oka se transforma en el Leteo y la búsqueda de lo indecible en un desafío ético que compromete a ambos poetas con su tiempo.
Exiliado en Francia, escribiendo en Alemán, Celan reconoce su herencia y su deuda con la poesía de Rusia.
Celan le dice a Yves Bonnefoy: «Se siente usted está en su casa. en su lengua, en sus puntos de referencia, entre los libros y las obras que usted ama. Pero en cambio, yo estoy fuera».


8. TIERRA NEGRA

«La poesía es el arado que desentierra el tiempo, poniendo al descubierto sus estratos más profundos, su tierra negra» escribió Mandelstam en La palabra y la cultura.

Celan arranca su poemario La rosa de Nadie con estos versos:
Tierra negra, tierra / negra tú, madre / de horas / de desesperación


Uno de los célebres poemas de los Cuadernos de Voronesh de Mandelstam comienza con la siguiente estrofa:
TIERRA NEGRA: Respetada, ennegrecida, cuidada / Fértil toda de aire y cuidados / Desmigajada, coral- / Húmedos terrones de mi tierra y libertad...


Continúa Celan en La Rosa de Nadie:
TIERRA HABÍA EN ELLOS y
cavaron.
Cavaron y cavaron, así pasaron
su día, su noche. Y no alabaron a Dios.

Según Jesús García Gabaldón, «el poema Tierra negra de Mandelstam homenajea a la tierra negra ucraniana y su lucha por la libertad. Mandelstam consideraba la tierra materia poética por excelencia, y a la poesía como el arado que hace surgir de ella frutos. Alude también al movimiento revolucionario «Tierra y libertad», que surgió en Rusia en 1870 y celebra su primer congreso en Voronezh».


9. SOLES NEGROS. TEMA DE LA MADRE

Paul Celan traduce el célebre verso de Nerval de la siguiente manera:
el sol negro, el de la melancolía.

Elegía por la madre de Mandelstam:

Esta noche no es remediable, / pero con vosotros todavía hay luz. /
A las puertas de Jerusalén / se levantó un sol negro.
1916

Elegía por la madre de Celan:

Madre, Ellos también escriben poemas
(Lejos, en Michailovka, en / Ucrania donde / me mataron padre y madre: qué / floreció allí, qué / florece allí? ¿Qué / flor, madre, / te dolió allí / con su nombre )

En el poema que abre Tristia, dedicado a Marina Tsvetáieva, intertextualizando con su traducción de Fedra, Mandelstam escribe: Nosotros, con un canto fúnebre / en el entierro mitigamos / el terror cruel e insomne / del sol negro.


10. UNA PREGUNTA

« ¿Quién escribirá poesía? ¿Pero es preciso responder a esta pregunta?
Todos llevamos zapatos, pero son muy pocos los zapateros. ¿Hay muchas personas que sepan leer poesía?»
Esta pregunta de Mandelstam aún nos interpela. Nos queda leerlos.
Pues sin el arado de la poesía, quién desenterrará el tiempo.

* Publicado originalmente acá.