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miércoles, 4 de septiembre de 2024

Estamos todos en peligro

Última entrevista a Pier Paolo Pasolini, pocas horas antes de su asesinato


La siguiente entrevista tuvo lugar el sábado1 de noviembre de 1975, entre las cuatro y las seis de la tarde, pocas horas antes de que Pier Paolo Pasolini fuera asesinado. Al término de la conversación el periodista le preguntó si quería ponerle un título a su entrevista. Él lo pensó un poco, dijo que no tenía importancia, cambió de tema. "He aquí la semilla, el sentido de todo", dijo. "Vos no sabés quién está pensando en matarte ahora. Poné este título, si querés: Estamos todos en peligro" *.

*La entrevista fue realizada por Furio Colombo y publicada una semana después en el periódico La Stampa.

- Pasolini, en tus artículos y en tus escritos diste muchas versiones de lo que detestás. Abriste una lucha, solo, contra muchas cosas, instituciones, convicciones, personas, poderes. Para que sea menos complicado el discurso yo la voy a llamar "la situación" y vos sabrás que quiero hablar de la escena en contra de la cual luchás. Ahora te hago esta objeción. La "situación", con todos los males que decís, contiene todo lo que te permite ser Pasolini. Quiero decir: tuyo es el mérito y el talento. ¿Pero los instrumentos? Los instrumentos son de la "situación". Editorial, cine, organización, hasta los objetos. Pongamos que el tuyo sea un pensamiento mágico: hacés un gesto y todo eso que detestás desaparece. Todo. ¿Y vos? ¿No te quedarías solo y sin medios? Quiero decir medios expresivos...

- Sí, entendí. Ese pensamiento mágico no sólo lo intento sino que lo creo. No en el sentido de médium sino porque sé que golpeando siempre sobre el mismo clavo puede derribarse una casa. Un buen ejemplo lo da la extrema izquierda, cuatro gatos que logran mover la conciencia de un país. A gran escala, el mejor ejemplo proviene de la historia. El rechazo fue siempre un gesto esencial. Los santos, los ermitaños, también los intelectuales. Los pocos que hicieron la historia son los que dijeron no, nunca los cortesanos. El rechazo, para funcionar, debe ser grande, total -no sobre este o aquel punto-, absurdo -no de sentido común. Eichmann, amigo, tenía mucho sentido común. ¿Qué le faltó? Decir no, pero decir no cuando estaba en lo alto, cuando lo que hacía era sólo burocracia. A lo mejor incluso habrá dicho a los amigos: a mí ese Himmler no me gusta. Habrá murmurado como se murmura en los editoriales, en las redacciones, en el mundo del amiguismo y en la televisión. O también se habrá rebelado porque este o aquel tren se paraba una vez al día para las necesidades y el pan y el agua de los deportados, cuando hubieran sido más funcionales o más económicas dos paradas. Pero nunca bloqueó la maquinaria. Entonces los problemas son tres. Cuál es, como decís vos, "la situación", por qué se debería pararla o destruirla y cómo. 

 - Eso es, describí "la situación". Sabés perfectamente que tus intervenciones y tu lenguaje tienen el efecto del sol que atraviesa el polvo. Es una imagen bella, pero se entiende poco. 

- Gracias por la imagen del sol, pero pretendo mucho menos. Pretendo que mires a tu alrededor y te des cuenta de la tragedia. ¿Cuál es la tragedia? La tragedia es que ya no somos seres humanos, somos extrañas locomotoras que chocan unas contra otras. Y nosotros, los intelectuales, miramos el horario de trenes del año pasado o de hace diez años y decimos: qué raro, esos dos trenes no pasan por ahí, ¿cómo es que chocaron? O el maquinista se volvió loco o es un criminal aislado o se trata de un complot. El complot, sobre todo, nos gusta hasta el delirio. Nos libera de todo el peso de enfrentarnos solos a la verdad. ¡Qué bien si mientras nosotros estamos aquí charlando alguno en el sótano está haciendo planes para deshacerse de nosotros! Es fácil, sencillo, es la resistencia. Perderemos algunos compañeros y después nos organizaremos y sacaremos de en medio a los otros, ¿no te parece? Yo sé que cuando dan en televisión ¿Arde París? todos están frente el televisor con lágrimas en los ojos y unas ganas locas de que la historia se repita, bella, limpia. Un efecto del tiempo es que lava las cosas, como las fachadas de las casas. Simple; yo acá, vos allá. No hagamos bromas con la sangre, el dolor o la fatiga que la gente pagó entonces por elegir. Cuando estás con la cara aplastada contra aquel momento de la historia, elegir es siempre una tragedia. Pero, admitámoslo, era más sencillo. El hombre normal consigue rechazar al fascista de Salò o al nazi de las SS con la ayuda del valor y de la conciencia. Pero ahora no. Uno se te acerca vestido de amigo, es gentil, cortés y colabora -pongamos que en la televisión- por ir tirando o porque no es un delito. El otro te sale al encuentro o se te echa encima con sus chantajes ideológicos, sus sermones, sus prédicas, sus anatemas, y sentís que también son amenazas. Desfilan con banderas y consignas, pero ¿qué los separa del poder?

- ¿Qué es el poder, según vos, dónde está, dónde se encuentra, cómo lo sacás de su madriguera?

- El poder es un sistema de educación que nos divide en sojuzgados y sojuzgadores. Pero cuidado: un mismo sistema educativo nos forma a todos, desde las llamadas clases dirigentes hasta los pobres. Por eso todos quieren las mismas cosas y se portan de la misma manera. Si tengo en las manos una gerencia o una operación financiera, los uso. Si no lo tengo, uso una barra de hierro. Y cuando uso una barra de hierro hago uso de mi violencia para obtener lo que quiero. ¿Por qué lo quiero? Porque me dijeron que es una virtud quererlo. Soy asesino y soy bueno.

- Te acusaron de no distinguir política e ideológicamente, de haber perdido el sentido de la diferencia profunda que tiene que haber entre fascistas y no fascistas, por ejemplo entre los jóvenes.

- Por eso te hablaba del horario de trenes del año pasado. ¿Nunca viste esas marionetas que hacen reír tanto a los chicos porque tienen el cuerpo para un lado y la cabeza para otro? Me parece que Totò hacía un truco parecido. Así veo yo la inmensa tropa de intelectuales, sociólogos, expertos y periodistas de las intenciones más nobles: las cosas suceden acá y la cabeza mira hacia allá. No digo que no exista el fascismo. Digo: dejen de hablarme del mar mientras estamos en la montaña. Este es un paisaje distinto. Aquí existe el deseo de matar. Y este deseo nos ata como hermanos siniestros de un fracaso siniestro de todo un sistema social. También a mí me gustaría que todo se resolviese con aislar a la oveja negra. Yo también veo las ovejas negras. Veo muchas. Las veo todas. Éste es el problema, ya se lo dije a Moravia: por la vida que llevo pago un precio... Es como alguien que baja al infierno. Pero cuando vuelvo -si es que vuelvo- vi otras cosas, más cosas. No digo que tengan que creerme. Digo que tiene que cambiar continuamente de discurso para no enfrentarse a la verdad.

- ¿Y cuál es la verdad?

- Siento haber usado esta palabra. Quería decir evidencia. Dejá que ponga otra vez las cosas en orden. Primera tragedia: una educación común, obligatoria y equivocada que nos empuja a todos a la competición por tenerlo todo a toda costa. A esta arena nos empuja como una extraña y oscura armada en la que unos tienen los cañones y otros tienen las barras de hierro. Entonces, una primera división, clásica, es "estar con los débiles". Pero yo digo que en cierto sentido todos son débiles porque todos son victimas. Y todos son culpables porque todos están listos para el juego de la masacre con tal de tener. La educación recibida fue tener, poseer, destruir.

- Entonces dejá que vuelva a la pregunta inicial. Vos, mágicamente anulás todo. Pero vivís de los libros, y necesitás inteligencias que lean. Es decir, consumidores educados del producto intelectual. Hacés cine y necesitás disponer no sólo de grandes salas, por lo general tenés mucho éxito popular, sos consumido ávidamente por tu público, pero también disponés de una gran maquinaria técnica, organizativa, industrial que hay en el medio. Si sacás todo eso, con una especie de monaquismo mágico de tipo paleocatólico y neochino, ¿qué te queda?

- A mí me queda todo, o sea, yo mismo, seguir vivo, estar en el mundo, ver, trabajar, comprender. Hay cientos de maneras de contar las historias, de escuchar las lenguas, de reproducir los dialectos, de hacer el teatro de títeres. A los otros les queda mucho más. Pueden plantarse, cultos como yo o ignorantes como yo. El mundo se hace grande, todo pasa a ser nuestro y no tenemos que usar ni la bolsa, ni la gerencia ni la barra de hierro para depredarnos. Mirá, en el mundo que muchos de nosotros soñábamos estaba el patrón infame con sombrero de copa y los bolsillos llenos de dólares y la viuda demacrada que pedía justicia con sus niños. El buen mundo de Brecht, en suma.

- Es como decir que sentís nostalgia por aquel mundo.

- ¡No! Tengo nostalgia de la gente pobre y verdadera que peleaba para derribar a aquel patrón sin convertirse en aquel patrón. Como estaban excluidos de todo, nadie los había colonizado. Yo tengo miedo de estos rebeldes idénticos al patrón, los saqueadores que quieren todo a toda costa. Esta oscura obstinación en la violencia total no deja ver ya de qué signo sos. A cualquiera que lleven al hospital al final de su vida le interesa más -si tiene todavía un soplo de vida- lo que tienen que decir los médicos sobre sus posibilidades de vivir que lo que le puedan decir los policías sobre la mecánica del delito. Me parece que hemos definido lo que vos llamás la situación. Es como cuando en una ciudad llueve y se desbordan las alcantarillas. El agua sube, es un agua inocente, agua de lluvia, no tiene ni la furia del mar ni la maldad de las corrientes de un río. Pero por la razón que sea no baja, sube. Es el mismo agua de lluvia de muchos versitos infantiles y de la musiquita de "Cantando bajo la lluvia". Pero sube y te ahoga. Si llegamos a este punto, yo digo: no perdamos el tiempo en poner una etiqueta aquí y otra allá. Veamos cómo se destapa esta maldita bañera, antes de que nos ahoguemos todos.

- Y vos, por eso, querrías que todos fuesen pastorcitos sin enseñanza obligatoria, ignorantes y felices.

- Dicho así sería una estupidez. Pero la llamada enseñanza obligatoria fabrica a la fuerza gladiadores desesperados. La masa se hace más grande, como la desesperación, como la rabia. Admitamos que yo estuve fuera de tono, aunque no lo creo. Decime otra cosa. Se entiende que añoro la revolución pura y directa de la gente oprimida que tiene el único objetivo de hacerse libre y dueña de sí misma. Se entiende que me imagino que pueda todavía llegar un momento así en la historia italiana y en la del mundo. Lo mejor de lo que pienso podrá hasta inspirarme uno de mis próximos poemas. Pero no lo que sé y lo que veo. Quiero decir con toda franqueza: yo bajo al infierno y sé cosas que no molestan la paz de otros. Pero presten atención. El infierno está subiendo también entre ustedes. Sus ganas, su necesidad de golpear con la barra de hierro, de agredir, de matar, es fuerte y es general. No será por mucho tiempo la experiencia privada y peligrosa de quien, cómo decirlo, tocó la vida violenta. No te hagas ilusiones. Ustedes, con la escuela y la televisión son los grandes conservadores de este orden horrendo basado en la idea de poseer y en la idea de destruir. Dichosos ustedes que se quedan tan felices cuando pueden poner una etiqueta apropiada al crimen. A mí esta me parece otra de las muchas operaciones de la cultura de masas. Como no podemos impedir que pasen ciertas cosas, nos tranquilizamos encasillándolas.

- Pero abolir tiene que decir a la fuerza crear, si no también sos un destructor. Los libros por ejemplo, ¿qué será de ellos? No quiero hacer el papel de quien se angustia más por la cultura que por la gente. Pero esta gente salvada en tu visión de un mundo diferente ya no puede ser primitiva. Si no queremos utilizar frases hechas, una indicación sin embargo tiene que existir. Por ejemplo, en la ciencia ficción, como en el nazismo, se queman siempre los libros como gesto inicial de exterminio. Cerradas las escuelas, clausurada la televisión, ¿cómo animás tu belén?

- Creo haberme explicado ya con Moravia. Cerrar en mi lenguaje quiere decir cambiar. Cambiar pero de modo tan drástico y desesperado como drástica y desesperada es la situación. Lo que impide un verdadero debate con Moravia, pero sobre todo con Firpo, por ejemplo, es que parecemos personas que no ven la misma escena, que no conocen a la misma gente, que no escuchan las mismas voces. Para ustedes una cosa ocurre cuando es una crónica, hecha, maquetada, editada y titulada. ¿Pero qué hay abajo? Acá falta el cirujano que tenga el coraje de examinar el tejido y de decir: señores, esto es cáncer, no una cosita benigna. ¿Qué es el cáncer? Es una cosa que cambia todas las células, que las hace crecer todas de forma enloquecida, fuera de cualquier lógica precedente. ¿Es un nostálgico el enfermo que sueña con la salud que tenía antes, aunque antes fuera un estúpido y un desgraciado? Antes del cáncer, digo. Es decir, antes de todo será necesario hacer no sólo un esfuerzo para tener la misma imagen. Yo oigo a los políticos con sus formulismos, todos los políticos, y me vuelvo loco. No saben de qué país están hablando, están tan lejos como la luna. Y los literatos. Y los sociólogos. Y los expertos de todos tipo.

- ¿Por qué pensás que para vos ciertas cosas están más claras?

- No quisiera hablar más de mí, quizás hablé incluso demasiado. Todos saben que mis experiencias las pago personalmente. Pero están también mis libros y mis películas. Quizás soy yo quien se equivoca. Pero sigo diciendo que estamos todos en peligro.

[Al día siguiente, domingo, el cuerpo sin vida de Pasolini estaba en la morgue de la policía de Roma].

miércoles, 17 de febrero de 2016

Notas sobre el rock argentino en democracia (segunda parte)


por José Miccio

VI

[viene de acá] Virus llegó temprano a la fiesta y se retiró un poco antes. Sus tres primeros discos repiten de manera obsesiva las consignas de su hedonismo libertario. Los siguientes prefieren el relax, la hipnosis, el reposo del que baila ahora lánguidamente. El viaje musical que lleva de Wadu Wadu a Superficies de placer es el que va del movimiento frenético y la breve descarga eléctrica a la danza narcótica y el más extenso desarrollo de la canción pop. Hasta su arribo, en Argentina la new wave existía en las tapas de algunos vinilos y en las declaraciones de algunos músicos y periodistas. Corbatas finitas y pelo corto aparecen en las portadas de tres discos de 1980: Merlín, de la banda homónima, Metegol, de Raúl Porchetto, y Adonde quiera que voy, de Punch. Wadu Wadu fue cruel con todos ellos. Su sonido y sus letras dan asilo a la palabra moderno, que circulaba entonces alrededor de esas otras bandas. Visto así, no deja de ser dramático que el cambio que Porchetto muestra entre Mundo y Metegol, el que Montesano y De Michelle muestran con Merlín en relación con sus bandas anteriores, Crucis y Pastoral, y el que muestra Cantilo entre Adonde quiera que voy y sus proyectos con Pedro y Pablo y el Grupo Sur tengan, hoy por hoy, sabor a casi nada si se los compara con lo que el debut de Virus significa para todo el rock argentino. Y sin embargo, en un ambiente cuya trama sonora e iconográfica no vivió el sobresalto punk, durante un tiempo fueron escuchados como si algo del futuro, deseado o no, resonara en ellos.

Pero es con Virus que las cosas cambian. Se vuelven pose y glamour, ambigüedad y desparpajo. Es conocida su experiencia en el festival Prima Rock de 1981. Wadu Wadu aún no se había editado, y en un programa que incluía a Spinetta Jade, Nito Mestre y Pedro y Pablo las probabilidades de que su música, desconocida, fuera bien recibida se reducían a cero. La banda tocó ahí diecisiete temas en veinte minutos y recibió como premio una lluvia de naranjas. “A ver si levantan esos culos y bailan un poquito”, dijo Federico Moura. Lo mismo decían sus canciones, siempre sensibles a las marcas de tiempo: “Hoy es tiempo de recuperarse, / de encontrar algún lugar, / de vivir un ritmo diferente / a toda velocidad” (“A mil”). “Lo que ayer estaba bien / mañana estará mal / no es fatalismo / es actividad” (“Sorprendente”). A pesar de esto, Virus estuvo bastante lejos de ser una banda incomprendida. Fue, sí, una banda por un tiempo inaceptable, pero contó con el apoyo de la mayor parte de una prensa especializada que había escuchado algunos discos y, sobre todo, había visto un año antes a The Police en Obras. No fue la soledad, como la historia de Prima Rock dio a entender a veces, la compañera del joven Virus, aunque es cierto que su éxito masivo tendría que esperar todavía algunos años.

Excepto una nota publicada por Sibila Camps en la revista Humor – y que fue una y otra vez contestada por la banda – las menciones al grupo de los hermanos Moura fueron siempre elogiosas. Pan caliente, Expreso Imaginario y Pelo dijeron sí de manera inmediata. No tardó Charly García en hablar bien del grupo y no se demoró tampoco el ingreso a escena de muchas otras bandas que serían sus aliadas en la tarea de hacer que los cuerpos se movieran con regocijo. Con su bella “Mundos in-mundos”- de letra amiga de Syd Barrett y música aún ligada a arreglos de jazz-pop - Miguel Abuelo decretó enseguida el fin de la oposición entre serio y frívolo al unir en una enumeración los verbos que se pretendían antipáticos: “Bailen. / Salten. / Piensen. / Quién es quién. / Toquen. /  Sed felices”.


VII

A diferencia de lo que sucede en Inglaterra, en Argentina las cosas del rock no se sacuden por el punk sino por la new wave. Sin embargo, al menos una persona no estaría de acuerdo con esto. En 1977 Hari B, futuro guitarrista de Los Testículos y Los Violadores, publica en Pelo el siguiente aviso: “Les tengo que informar que el punk en Argentina existe porque yo estoy aquí y lo soy. Todo comenzó con el viaje que hice a Londres en diciembre pasado. Ahora ya todo está en marcha. El 2 de marzo hicimos un recital bien punk donde tocamos rock and roll (entre ellos el tema de Batman en versión The Jam)”. Se trata de la más extrema versión del do it yourself de la que se tenga memoria. Como un Luis XIV del rock, Hari B dice “el punk soy yo” y realiza el movimiento en el mismo acto de nombrarlo. La felicidad histórica de una declaración como esta es imposible, pero la convicción con que se dice es suficientemente curiosa como para darle algo de crédito. Digamos, entonces, de manera más neutral, que en Argentina se edita un disco new wave antes que un disco punk. Más interesante que esta inversión cronológica resulta el tema del viaje, que es a la vez la posibilidad de lo nuevo y una marca de clase. Bien burgués, el punk argentino nace porque alguien recién llegado de Inglaterra así lo decide.

No conviene olvidar que hasta los años 80 (y más todavía) el rock argentino tenía las dimensiones de una aldea y recibía las novedades que llegaban del exterior con cierta desconfianza, como si la información no fuera del todo inteligible. No siempre sucedía así, por supuesto, pero para un negocio pequeño la promoción de nuevas bandas no era prioritaria. En el trienio 1978-1980 no se editaron más de sesenta discos. Cuando, con Malvinas como una de sus causas, la demanda creció y un grupo de productores se dio cuenta de que el mercado quería rock, las cosas se modificaron radicalmente y decenas de nuevos músicos grabaron sus primeros discos. En el trienio 1982-1984 se editaron alrededor de doscientos treinta álbumes, es decir, cuatro veces más que en el periodo considerado antes. Las cifras deberían revisarse, pero, más allá de posibles errores, esta fue la línea general. En un contexto así, rentable, es comprensible, por una parte, la multiplicación de empresas grandes o pequeñas destinadas a vender bienes asociados al rock (radios, revistas y pubs, fundamentalmente) y, por otra, las dudas de quienes, con treinta años o más, sentían que entre contrato y contrato, entre baile y baile, se esfumaban las viejas ideas contraculturales que – ciertas o no, esa es otra historia - los habían acompañado hasta entonces. De todos modos, no parecía haber consenso en este punto, porque las declaraciones de aquellos años oscilan entre la letanía por esa magullada ética de la no reconciliación y la celebración por un presente venturoso que todos consideran merecido. También Hari B graba entonces su disco debut con Los Violadores. Para el segundo, sin embargo, ya no formaba parte de la banda. Como si fuera poco, meses después un italiano recién venido lo retrata así en estos versos perpetuos: “Un pseudo-punkito / con el acento finito / quiere hacerse el chico malo; / tuerce la boca, / se arregla el pelito, / toma un trago / y vuelve a Belgrano”. No siempre Fortuna acompaña a los pioneros.


VIII

Como expresión feliz de una plenitud al menos momentánea, bailar es la palabra que dice el sexo y el juego en la extraordinaria “Sin disfraz”, una canción que Virus grabó en Locura. Esta es su letra: “A veces voy / donde reina el mal, / es mi lugar, / llego sin disfraz. // Por un minuto / abandono el frac / y me desnudo / en lo espiritual, / para amar. // Como si fuera mentiroso y nudista, / en taxi voy / Hotel Savoy y bailamos. / Y ya no sé si es hoy, ayer / o mañana. // Fue ayer, persiste el olor / de esa piel morena y sensual, / perfumada. // Y hoy me visto / demodé y normal, / no me preocupa / parecer vulgar”.

Se trata de una canción que, entre sus elipsis, narra casi en secreto una historia: la de un burgués que decide en ocasiones suspender el tiempo y las pautas de su vida cotidiana y acceder, como un dandy, al ensueño casi cinematográfico de una sexualidad prohibida. Las marcas de tiempo permiten reconocer una secuencia clásica. En primer lugar, el viaje, físico y moral, hacia el hotel donde tiene lugar la cita. Luego el desarrollo de la misma, resumido en dos trazos. Por último, el retorno a los hábitos sociales considerados normales. La experiencia - radiante, epifánica - vive en el paréntesis. Su tiempo es el de la embriaguez, el de la sucesión en ruinas. Pero sus efectos, aunque leves, permanecen todavía después, una vez que la cronología ha recuperado su compostura, en el olor que permite el recuerdo y la continuación no traumática de las tareas de siempre.

Los tres momentos narrativos se organizan también en relación con la ropa: el acto de desnudarse, el estado de desnudez y el acto de vestirse. También acá se puede observar lo que dejó el placer. Al comienzo, el frac constituye, por excesivo, la parodia de una vida formal. Luego, la desnudez del cuerpo, también ella mayúscula, alcanza al espíritu, que se despoja así de toda culpa y se prepara para el éxtasis. Finalmente, las hipérboles se abandonan y el vestuario ya no es, por presencia o ausencia, desmedido: es sencillamente estándar, “demodé y normal”. Se trata sin dudas del mejor de los disfraces. Y de su aceptación estratégica. En este sentido, la canción es la historia de una sesión de sexo que no difiere mucho de una de psicoanálisis o de consumo controlado de drogas o de Virus en vivo. Tiene que ver con una estética del artificio antes que con una ética de la diferencia. Por eso es que hay otros disfraces. A fin de cuentas, la desnudez no resulta una metáfora de la verdad sino una condición para desplegar el juego de los caracteres, para ser a la vez “mentiroso y nudista”. En una experiencia así, de mentiras sinceras (es decir, de ficción), toda regla es contingente, de ahí que desnudarse sea disfrazarse. El fantasma de Oscar Wilde habita en esta letra y en la voz, nunca tan resistente al comentario, de Federico Moura. Manuel Puig habría amado esta canción.


IX

Y esta le habría gustado a Roberto Arlt. “La rubia tarada”, de un costumbrismo de aguafuerte, es una canción de personajes. El colchón de conversaciones del comienzo y las primeras frases sirven de panorámica: “Caras conchetas, / miradas berretas / y hombres encajados en Fiorucci. / Oigo “dame” y “quiero” y “no te metas”, / “¿te gustó el nuevo Bertolucci?”. Después, los primeros planos de la rubia y el punkito. Por último, y como cierre ideológico, el hastío y la afirmación de cuatro alternativas: el boliche de la esquina frente a la disco, la ginebra frente a la merca, la gente despierta frente al caretaje y la Argentina popular frente a la pequeñoburguesa. El rock barrial de la los años 90 tiene acá sus fundamentos. Su ética, su épica y hasta su metafísica se despliegan desde este lugar. No así su estética, que buscará referentes diversos.

Tal vez Nada personal sea el disco de tres de las personas que cuchichean en New York City antes de que Luca empiece a cantar. Pero lo que desde afuera es sátira, es drama desde adentro. En el disco debut de Soda Stereo Cerati había cantado como tantos otros su manifiesto (“Depresiones, confusiones. / ¿Hasta cuando seguirán esas canciones?”), había constatado la nueva velocidad de las cosas (“Rápido, / que pierdo el tren. / Rápido / que ya aumentó. / Rápido / la información. / Rápido,  / ¿qué día es hoy?, / ¿qué día es hoy? / No sé, mi amor, / no tengo idea dónde hay aire para respirar”) y había identificado algunas costumbres - el régimen y el fetichismo de la televisión, por ejemplo – como alienaciones. Pero en esto último el más moderno de los músicos modernos era lo suficientemente ambiguo como para que nadie supiera muy bien cuánta convicción y cuánta ironía había en afirmaciones como “Somos un conjunto dietético” y “Yo quiero ser del jet-set”. Con Nada personal, Cerati abre su espectro musical y amplifica los contenidos relacionados con las dificultades del contacto humano. “Comunicación sin emoción” es lo primero que canta. “No siento nada / nada personal” es su primer estribillo. Es característico que este extrañamiento afecte también al verbo de la década.

Efectivamente, lo que es cielo y libertad en “Sin disfraz” es prisión e infierno en “Danza rota”. El escenario de la canción es una disco, y la angustia la experiencia de su personaje. El cuerpo del que baila es agredido (“Las luces me queman la cara”, “Aquí estoy, resquebrajándome”, “Se van cayendo mis ligamentos”), su felicidad es un simulacro (“Soy una mueca absurda / fingiendo diversión”) y la vigilancia es el relevo de la libertad (“Hay anarquía en mis movimientos / y al mismo tiempo alguien los controla”). Mecánico y despiadado, el baile es esta vez el lugar de la opresión, una imagen que no abunda en esos años y que volverá poco después, aunque con diferencias importantes, en “Enjaulados”, una de las maravillas del segundo álbum de Fricción. Pero Cerati es menor cruel que Coleman. Y como en la canción pop la esperanza vive mejor en el estribillo que en la estrofa, y mejor aún en la segunda persona que en la primera, así aparece representada acá: “Yo no puedo ser libre sin vos. // Dame, / dame una pista, / algún rastro para hallarte. / Estoy bailando una danza rota, / quisiera escaparme”.

Esta canción, la cuarta de Nada personal, se baila en  lugares similares al que alude su letra y se canta en primera persona y en tiempo presente. El cuadro que se obtiene es curioso. O se es feliz bailando mientras se niega serlo, o (vieja paradoja) se es un mentiroso mientras se reconoce estar mintiendo. No hay manera de deshacer este nudo, y es probable que Cerati se complaciera de haberlo atado así. Canción sádica y cínica, “Danza rota” pide la elaboración de un monstruo conceptual: el baile crítico. Carlos Solari no pedía algo muy distinto cuando cantaba en Gulp! aquello de “Voy a bailar / el rock del rico Luna Park / y atomizar / la butaca y brillar / como mi héroe / la gran bestia pop”. De hecho, él mismo dijo una vez: “El rock es un pensamiento crítico bailado”. Por lo pronto, después de sus rastros y sus pistas, Soda Stereo, que gustaba de la semiología, llegaría a Signos.


X

Es tentador ver en el rock argentino de estos años una historia: la que lleva de la felicidad al desconsuelo y de la calle al hogar. Su inicio y su desenlace se pueden establecer de distintas maneras. Con los títulos de algunos discos, por ejemplo. Por un  lado, Empezar a vivir,  Mi voz renacerá y Canto de la ternura . Por el otro, Nadie sale vivo de aquí, Bang bang estás liquidado y Téster de violencia. Sin embargo, es posible que, de existir, esta historia se observe mejor en las modificaciones de sentido que sufre el verbo bailar, ese verdadero obelisco de los años 80. Cielo y techo, calle y casa, libertad y reclusión: estos tres pares de opuestos aparecen con claridad en dos canciones de 1986: “Bailando en las veredas” de Raúl Porchetto y “Mi sombra en la pared” de Miguel Mateos. Esto dice la primera: “Hoy yo me quedo bailando en las veredas, / dando vueltas, / saltando hasta las estrellas”. Y esto dice la segunda: “Llegando a casa estoy / y sé que todo será igual / Ir a mi habitación / subir la radio hasta explotar (…) Bailo / bailo hasta caer / con mi sombra en la pared”. Además del contraste señalado, el interés de ambos temas radica en su fecha de edición, porque esta coincidencia asegura un cambio progresivo: habría una figura residual (la felicidad en público) en el baile de Porchetto y una figura emergente (el desconsuelo en privado) en el baile de Mateos. Dotada de una dimensión sociohistórica esta sería, a fin de cuentas, una gran historia: la de cómo la primavera democrática se derrumbó o la de cómo una sociedad que había roto los lazos que la unían con un pasado atroz descubre que la serpiente ha dejado algunos huevos en el tiempo nuevo. Las figuras del encierro y la alienación que abundan en las canciones de los últimos años de la década serían, entonces, las que corresponden a un tiempo que encuentra de manera inesperada una experiencia que sintetiza las anteriores en las formas del individualismo y el autocastigo. Si la paranoia y la soledad dicen el régimen totalitario y la alegría y el baile dicen la fiesta democrática, entonces ahora es tiempo de moverse en jaulas o de tropezar con enemigos en el espejo.

Pero esta historia es una ilusión. Una línea tan estricta como improbable. Se trata de un ensueño retrospectivo, de la atribución a una época de conjeturas elaboradas con posterioridad. Desde este punto de vista, las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, que se han interpretado, no sin razón, como el otoño alfonsinista, señalan en realidad solo el primer acto de un drama de descubrimiento cuya duración se extiende al menos por quince años (los indultos de principios de los años 90 constituyen el segundo y la crisis neoliberal de 2001 el último). Recién entonces se tomarían en serio los comentarios que las ruinas de la izquierda hacían durante los felices años de la joven democracia. Eran esas voces anacrónicas y desautorizadas, que insistían en denunciar la dependencia de los organismos internacionales de crédito y el persistente imperio de la última dictadura militar en la vida de los argentinos. Visto así, la sospecha de que había continuidad entre el país de los últimos años del menemato y el de la dictadura contrasta de manera notable con esa experiencia de lejanía que el fervor eleccionario suscitó cuando el tiempo posmalvinas parecía representar el definitivo arribo del país a la tan ansiada madurez social. Patria o muerte es tal vez el único disco de rock que inscribió en su  sonido un nivel de malestar que nada tenía que ver con los juegos románticos y decadentistas que llevaban adelante los grupos que habían descubierto hacía poco a The Cure y a Siouxie, a Bauhaus y a Talking Heads, a Joy Division y a Echo and the Bunnymen. Don Cornelio contestaba entonces a su álbum anterior, de mezcla clara y distinta, y a su contexto social inmediato, de pascuas tristes y endebles, con un título que no por azar reponía, en forma desviada, una lexía de los años 70. Pero entonces todo esto era literalmente inescuchable. Como si Patria o muerte no hubiese sido parte de una década que, sin embargo, tuvo en él un documento, un monumento y un testamento temprano.

jueves, 5 de junio de 2014

Una defensa de la creación de la Secretaría de coordinación estratégica para el pensamiento nacional y algunas respuestas a un par de canalladas

por Daniel Cholakian

1) Empezaré por lo más meneado: el nombre de la secretaría. Evitaré discutir sobre estructuras burocráticas y nombre de secretarías, subsecretarías y direcciones sobre cuyos nombres nadie nunca puso la mirada, porque sería vano. Menos aún pensar sobre el modo en que a diestra y siniestra se hicieron cargo de la agenda que impuso –casi como nunca- el diario Clarín, porque sé que muchos se irritarían diciendo que no es por eso que pusieron su agudo grito en el cielo. De modo que voy a pensar a propósito del mismo, evitando los prejuicios que, como muchos, fueron parte de mi primera reacción.


a)   El nombre interpela a tres tradiciones al mismo tiempo y todas ellas parecen a la vez que sentirse excluidas, como si se les quitara un espacio de su propio campo.

La primera o la más directa, es la tradición que se encuadra en aquello que conocemos como el pensamiento nacional popular, que desde sus distintos matices y vertientes, pudo confluir en el peronismo o el radicalismo irigoyenista con FORJA y aquella continuidad subterránea en el tiempo que tuvo en cierto sector del alfonsinismo. Esta tradición conjuga los pensamientos que implican la Nación como colectivo y unidad orgánica del pensamiento político que, más allá de sus límites territoriales y la implicancia del estado moderno, supone la existencia de un pueblo plebeyo que es el centro de esa organización. Si bien hay tensiones evidentes entre las izquierdas y las derechas de ese pensamiento, este corpus de definiciones, autores modélicos y referencias políticas ha logrado hegemonizar para si –con todo lo que importa esto en términos de poder simbólico- la idea de “pensamiento nacional”. El solo hecho de que la secretaría lleve este nombre es un gesto político que des-hegemoniza, des-apropia la noción de aquellos que la poseían. Esto es importante para poder des anquilosar algo que estaba poniéndose no solo viejo, sino esencialmente poco productivo en términos de pensamiento político que interviene en lo social.

La segunda tradición con la que discute es con la tradición liberal. En este caso no hablo solo de la tradición liberal conservadora política –que abreva en cierta parte de la tradición liberal- sino en la más interesante tradición liberal académica, que fue una de las bases de pensamientos de las universidades, y que tiene hoy actores fundamentales que claramente pretenden refundar una corriente de pensamiento estratégico. Podemos poner los nombres de Beatriz Sarlo, Juan José Sebreli, Luis Alberto Romero, o como ha sido Guillermo O’Donnell, por nombrar algunos de los más conocidos, aunque no por ello los más interesantes. Gran parte de los más interesantes pensadores de la década del ’60 surgen del pensamiento liberal. Una tradición que pulsa la tensión entre República y Nación, que recupera la idea de gobierno racional burocrático sobre la de populismo. A esta tradición la interpela en tanto la idea de pensamiento nacional es un concreto simbólico político, alejando al pensamiento del espacio de lo ideal, de la acción individual privada, para suponerlo como un constructo colectivo al mismo tiempo que lo asocia a lo nacional. De esta manera fija un punto de arranque de obliga a la tradición liberal a hacerse cargo de la trascendencia que tiene en este pensamiento en el espacio simbólico nacional o a retirarse a los antros académicos y los foros periodísticos, para defender las ideas como estandartes individuales aislados del debate político del presente.

En tercer lugar, el nombre de la secretaría interpela a los pensamientos de izquierda. Demasiadas salvedades pueden hacerse a propósito de situar un pensamiento de izquierda, tanto intelectual como institucionalmente. Lo cierto es que el pensamiento de izquierda ha forjado una tradición importante que no logró a lo largo de la historia instalar temas, discusiones, conflictos o identidades que pugnan en el centro de la política nacional. De más está decir que las dictaduras tuvieron como objetivo central la demolición de la construcción paciente del pensamiento de izquierdas. Pero también es cierto que en muchos casos, a treinta años del retorno a la democracia, gran parte de los intelectuales de izquierda han preferido mantenerse en sus espacios académicos más o menos institucionales, con mayor o menor asistencia del estado y no intervenir desde ese lugar en los debates públicos y menos aún promoverlos. En muchos casos desconociendo la famosa tesis XI de Marx en su crítica a Feuerbach. En el nombre de la secretaría se propone, desafía diría yo, a que la izquierda se haga cargo de la importancia que ese pensamiento tiene especialmente en los campos académicos, y salga a la luz de la confrontación con espacios comunes de orígenes diversos, para ser parte de esa construcción que es el pensamiento nacional moderno. No es deseable que sigan saliendo universitarios formados en las mejores escuelas del pensamiento de izquierdas mientras en las discusiones públicas sobre lo nacional y lo latinoamericano no aparezca esta tradición dando el debate. Gran parte del pensamiento de izquierda se ha dejado desplazar de este constructo por aquellos que han hegemonizado la idea de “pensamiento nacional”. El nombre de esta secretaría conmueve a estas tradiciones de izquierda porque lo obliga a ponerse el sayo.

b)   El nombre supone, como ya lo escribí, que el pensamiento nacional es una construcción y que reponer esta idea, dinamizarla y abrir los debates es también tarea del Ministerio de Cultura de la Nación. Suponer ya en el siglo XXI que el pensamiento nacional - entiendo por tal un pensamiento que asume la nación como un colectivo de identidades, movimientos y tensiones que se expresan en el territorio nacional, pero también en el amplio espacio de la América Latina- se constituye en un espacio público incontaminado al que las ideas llegan en igualdad de condiciones no puede ser considerado inocente. La tradición liberal propone una suerte de mercado de las ideas. Mercado al que todas las ideas confluyen libremente en igualdad de condiciones. El problema es que esta noción liberal desconoce que el modo de producción y circulación de los discursos está fuertemente ligado a la producción material y, por lo tanto, la supuesta libertad e igualdad de participación en un espacio simbólico de circulación nacional para las ideas, en tanto potencia productiva, es una ilusión. Editoriales, productoras de contenidos audiovisuales, medios de comunicación masivos son negocios y como tales funcionan. Con sus lógicas empresariales y sus ideologías. Sus conveniencias y sus alianzas, algunas tácticas y otras estratégicas. Por lo tanto la idea de una secretaría que promueva un espacio de debate de acceso más igualitario, federal, y que incluya no solo las tradiciones hegemónicas sino algunas que las modernizan y otras que francamente la cuestionan, es una iniciativa que propone una mayor apertura al debate. Esta mirada revierte la idea de una secretaría que imponga un modelo de pensamiento nacional que debe ser instalado como unívoco. Esa es la lectura que imagina que habría un secretario totalitario que dicta los contenidos de los libros que leerán los niñitos de la primaria. En mi caso, interpreto a esta secretaría como un espacio de promoción del debate, como la creación de una acción concreta del estado para facilitar la circulación de ideas que no logran encontrar su lugar de expresión en ese espacio simbólico del debate, en el cual se interviene con el pensamiento como una herramienta de transformación.

c)   Para ponerlo en términos del propio Ricardo Forster, el nombre es una anomalía. El nombre despertó críticas y gracias de diversa índole. Imposible no sentir al escucharlo reminiscencias de muchos tipos. En esa compleja suerte de apelaciones inmediatas, se abre (o se debería abrir) una suerte de debate productivo. Porque si bien puede remitir a un pensamiento nacional omnímodo, hegemónico, impositivo, también es cierto que propone la autoconciencia sobre la posibilidad de un pensamiento nacional, como un espacio en permanente producción de tensiones y no un discurso sobre el deber ser nacional. Es proponer, hacer evidente, declamar, la voluntad política de pensar lo nacional y latinoamericano asumiendo el momento histórico. Porque el pensamiento tiene productividad a lo largo del tiempo si es capaz de construir una conciencia del momento histórico y de implicarse en el debate de su hora. De allí que la tradición en la que abreve (y aquí simplificamos tres, pero podría complejizarse) no debe ser lo importante. Pues con esas confluencias y conflictos es que funciona esta dinámica productiva. El nombre en este caso es una anomalía en tanto viene a proponer  des anquilosar la noción de pensamiento nacional y que el debate de las ideas, con conciencia de su naturaleza histórica, sirva para pensar políticas y modelos de estado y resolución de conflictos. Entiendo que el efecto hubiera sido completamente diferente si la secretaría se hubiera llamado “Secretaría para la promoción del conocimiento diverso” o “Secretaría de promoción cultural”. La pregunta es: ¿qué política implica ponerle un nombre u otro?

2)   La historia de la Secretaría de Cultura de la Nación (ahora ministerio), no tanto en su estructura funcional, sino en relación al imaginario colectivo, remite centralmente a la producción artística, a su promoción a lo largo del país. Lo fundacional de la idea de cultura está en aquella vieja idea de la cultura elevada, institucional. Cuando la modernización llegó, la política cultural se hizo recital gratuito y masivo. Pero en ningún momento se quebró esta relación monolítica entre cultura y producción artística. En la creación de esta secretaría hay un sentido político que propone caminos nuevos en las funciones del ministerio. Es una decisión política. De política cultural. El ministerio de cultura es también el espacio propicio para la promoción del pensamiento. Ya no se trata de promover la industria del libro o del cine o de la música, las escénicas o las visuales. Todas ellas, según nuestra concepción, son formas del pensamiento. Se trata de promover el pensamiento como una práctica de cultura. Un pensamiento que no solo se desarrolla en los espacios institucionales estancos, sino que adquiere formas diversas. El pensamiento académico, formalizado en textos, pero también el pensamiento que surge de las expresiones estéticas, el pensamiento que se produce en colectivos sociales o en los infinitos grupos con identidades concretas que producen discursos de diversos órdenes. El pensamiento poético. Dar espacio y cauce a esas formas de pensamiento, ponerlas en conflicto, contraponerlas, darle al pensamiento estético el mismo estatus que el texto escrito formalizado, son tareas que desde el ministerio de cultura pueden llevarse adelante. No se trata de ordenar los textos, clasificarlos y archivarlos. Se trata de permitir una relación dialéctica entre la idea de la cultura como ministerio y la idea de la cultura como producción de múltiples orígenes y sentidos. Es en esa relación que debe funcionar esta máquina imperfecta de voces que suenan, resuenan y producen nuevos sonidos. Algunos de los que critican esta nueva secretaría seguramente prefieren un ministerio que se limite a otorgar subsidios a la producción de las artes, realizar recitales públicos masivos y gratuitos y cumplir con enviar las delegaciones nacionales a las bienales, muestras o festivales que suelen ocurrir en el mundo. Esa es la tradición que organizó la cultura en nuestro país desde la lógica de las elites. Nunca se le asignó a la cultura la función de promover el pensamiento. Al menos de forma autoconsciente. En alguna medida, la creación de esta secretaría pone en conflicto el centro de las políticas públicas en materia de cultura.

3)   La designación de Ricardo Forster parece apropiada en este sentido. Es un hombre formado en una de las tantas tradiciones de izquierda, proveniente de la academia, pero comprometido con la militancia política e identificado con el kirchnerismo en tanto ruptura de las lógicas políticas que lo anteceden y conforman. No fue formado en la tradición nacional popular y su pensamiento seguramente tiene con esta corriente, al igual que con el liberalismo, algunos importantes  puntos de coincidencia y de disidencia. Su designación rompe con la hegemonía o la apropiación espuria de la noción de “pensamiento nacional” que en muchos casos parece más una caricatura o un conjunto de aforismos reiterados como mantra, más que como ideas. Aquel viejo “pensamiento nacional” está muy lejos de ser un pensamiento en movimiento y políticamente productivo. En este sentido es también un golpe a cierto espacio político propio, a ciertas raíces invocadas por el peronismo dentro y fuera del kirchnerismo. La designación de Forster, aun cuando no garantiza nada, abre una puerta para que el pensamiento nacional no solo sea un modo histórico y vivo de pensar desde las tradiciones que nos recorrieron por dos siglos, sino también las otras que impactan en el pensamiento del presente. Desconocer la importancia de Foucault, Derrida, Lacan, Agamben, Bordieu, o las concepciones del buen vivir, la productividad social del pensamiento feminista, sería un tontería. Pero junto con ello debemos recuperar el pensamiento sobre la naturaleza, tanto de los pueblos originarios, como de movimientos sociales de la región y del ecologismo. Convocar a la discusión sobre la estrategia de desarrollo de los próximos cincuenta años requiere de todas estas tendencias, pero también de las nuevas ideas a propósito de tecnologías sustentables y reparadoras, cómo hacer colectivas identidades de grupos para compartirlas e integrarlas socialmente. Es por ello que Ricardo Forster tiene el perfil adecuado para articular la dialéctica de los debates de un modo capaz de producir sentidos políticos concretos. Lejos está de la vulgata del comisario político que con tanta sencillez se desparrama por ahí.

4)   Una de los cuestionamientos que trae la creación de esta secretaría es a la noción de que existen espacios pertinentes (y discursos pertinentes) donde el pensamiento se construye y encuentra su lugar. Las universidades serían uno de ellos y allí, para el estado, el pensamiento tendría su propia institucionalidad. Como en el arte, la academia se reserva para si la propiedad / potestad del pensamiento y el saber. Los saberes son muchos, adquieren diversas formas y se producen de modo colectivo en lugares y con metodologías diferentes. La universidad es uno de ellos, pero no son menos apropiados los saberes que desarrollan los movimientos sociales. Un ejemplo concreto son las ideas a propósito de la propiedad y el trabajo que han desarrollado los miembros de las cooperativas de empresas recuperadas. He allí, para poner un ejemplo concreto –como lo es la identidad de género o el matrimonio igualitario- prácticas concretas que producen un conocimiento que se integra a un pensamiento nacional con productividad política concreta. De ahí que la nueva secretaría sería una instancia clave para poner en diálogo todos estos espacios y todas sus formas de pensamiento.

5)   El 25 de mayo en su discurso, Cristina Fernandez rescató un artículo que ese mismo día había escrito el periodista Hernán Brienza en el diario Tiempo Argentino. “¿Es necesario traicionar a Arturo Jauretche?” es el título del mismo. En aquel, Brienza postulaba que luego de tantos años –ese día se cumplían 40 de su fallecimiento- no había un pensador nacional que lo reemplace y tampoco un corpus de pensamiento nacional que haya refundado la tradición nacional popular. La creación de esta secretaría por parte de la presidenta utiliza de algún modo esta idea como apoyo de palanca para lanzar una mucho más atrevida. No se trata ya de refundar el pensamiento nacional desde la tradición que hegemoniza tal denominación. Se trata de proponer la construcción desde otro lugar, desde otras prácticas, con otros actores, de un pensamiento que nos implique y nos incluya. Ya no nos paramos solo en Jauretche, Hernandez Arregui o Scalabrini Ortiz. Ya no nos quedamos en el ’45. Se trata de convocar desde el estado a pensar un país, desde las ideas pero también desde la creatividad y el pensamiento estético / artístico.

6)   La creación de la secretaría tiene también un sentido político más mundano y evidente. Nadie puede desconocer que Ricardo Forster fue uno de los voceros de la primera mención directa desde el kirchnerismo de la disyuntiva en torno a la sucesión presidencial. Sus palabras fueron claras: “Daniel Scioli no me representa”. Que la presidenta Cristina Fernández a 10 días de conocido tal pronunciamiento sea firmante del decreto que lo nombra secretario de estado, cobra una dimensión importante. No se debe inferir que la presidenta hace suyas las palabras de Forster, sería eso una tontería. Pero no puede minimizarse la puerta que ella abre para que el debate se legitime en el interior del kirchnerismo. Aquello que hace 10 días se decía por lo bajo y que en la propia reunión de Carta Abierta se debatió en un tono muy fuerte, es ahora habilitado como debate en el sector por la propia presidenta. Eso es un paso importante, porque no cancela la discusión como conducción imperativa sino que, como conducción política de fuerzas contrastadas, abre el juego al debate político que su espacio se merece. El nombramiento de Forster es también un mensaje al kirchnerismo. “Acá nada está definido”, parece decir Cristina Fernández con esta designación. Esto, para quienes apoyamos pero no firmamos a ciegas, es una buena señal.

Respuestas a algunas canalladas

a.   El diario Clarín –y muchos medios y usuarios de redes sociales a partir de él- tuvo el gesto sutil pero significativo de cambiar la preposición “para” por “de”. Así la secretaría dejó de ser “para el pensamiento nacional” a ser “del pensamiento nacional”. Simple pero efectivo. Lo que debería ser “deudor de” pasa a ser “dueño de”. Los gestos sutiles de los sujetos canallas producen mucho más sentido de lo que creemos. Este es uno de ellos.

b.   Los medios también asumieron que la designación de Ricardo Forster en la secretaría de marras es un “premio”. Esto supone una designación en un cargo como respuesta a un favor o a una tarea realizada por el nombrado en beneficio de la presidenta de la Nación. De este modo este nombramiento, como cualquier otro en cualquier jurisdicción, en cualquier momento de la historia y bajo cualquier partido gobernante, pierde toda legitimidad política. En este caso se niega la decisión política –más allá de gustos y deseos personales- que tiene toda designación de un nuevo funcionario en cualquier gobierno democrático. Lo que subyace detrás de esta canallada es la molestia que les produce a muchos la emergencia de Ricardo Forster ya no como intelectual aséptico, sino como militante político.


c.   Se escucharon por radio y se leyeron en gráfica especulaciones a propósito del monto del salario que cobrará Forster. Es la máxima de las canalladas, porque repite el sonsonete de que todo aquel que asume la función pública lo hace para enriquecerse. Es canalla suponer que toda persona es tan mezquina y corrupta como para asumir un cargo para “salvarse”, para llevarse ese dinero público en su propio provecho. Es ruin seguir creyendo que todo aquel que interviene en política lo hace solo para engrosar la billetera. Además, es peligroso. ¿O será que estos escribas y los recitadores de sus textos proyectan en otros los propios deseos que el inconsciente reprime?